Partager l'article ! Parutions en revue/Expositions: Juin 2009 A venir... Publication du texte "Les Aigles apatrid ...
Juin 2009
A venir... Publication du texte "Les Aigles apatrides" dans la revue "Les chemins de traverse"...
Juin 2009
J'ai rédigé ce petit poème bucolique pour un jardin où les plantes voisinent avec les textes, celui de Jaki Loyer (site: http://jakiloyer.monsite.o




"O Nature parfaite, sautillante, éphémère, je viens à toi car pleuvent les armes et les paroles amères, car tombent les corps et
meurent les poètes.
Dis-moi... quelles étaient les rêveries du promeneur solitaire? Que pleurait Lamartine le long de ta verdure? Résonnent-ils encore les pas du poète sur tes sentes rêvées, son bouquet de houx vert
et de bruyère en fleurs? Consoles-tu toujours ceux que le temps décime?
Le vent t'enlace et fait danser la terre.
Tu imposes la grâce quand pleurent les violons. La fleur éclose où se ferment les portes. Ton doux frémissement quand hurlent nos écrans. Le brin d'herbe délicat quand poussent les buildings. Tu
résistes. Et si nous nous penchons, silencieux, dans la nuit, c'est pour surprendre, un instant, l'air de rien, le souffle de tes fleurs qui frémissent à la
lune."
Avril 2009
Publication dans la revue sicilienne "ISSIMO" largement diffusée en Italie d'un texte traduit en italien:


Mars 2009
Je suis heureux de vous annoncer ma participation à une exposition de lettres poétiques à la bibliothèque Berio de Gênes en Italie. Cette exposition
sillonera l'Europe. L'ensemble des textes est consultable sur le site: http://www.lettere.eremita.it/home.htm
Petite video pour vous donner un aperçu:
Di Terre e di Schiume
Viaggiare in compagnia del poeta, sperimentare del corpo ciò che resiste. Fare sì che l’illusione volatilizzi, che nasca l’utopia. La Spagna dalle cittadelle tralasciate. Neruda che si rivolge al popolo cileno. La pietra è esplosa. «Che la fiamma le restituisca, con questa frammentazione, la molteplicità dei volti, la profondità delle incrinature, che la deponga tutta quanta nel respiro fesso del vento.» Questo vento del nord che cesella la luce e dona il vigore. Iniettare il color sangue del papavero nella scrittura, alla più vicina delle rive.
Accostarsi a «la legge segreta che provoca la danza delle immagini». Prendere in Romania i treni della mendicità, ridere con i bambini. E il canto insiste, assume tutte le forme, tutte le voci.
Foglie che il vento risveglia. Le afferra a piene mani, le mette nel suo cappello, calpesta quelle che rimangono a terra, aspetta la stagione ventura, le abbandona.
Partiamo. Tu, il poeta ed io.
Soltanto.
(...)Lione ogni giorno, muore un po’ di più. Il sole eclissa le stelle.
La mano dalla finestra del treno, partendo. Tutto ciò che lasci dietro di te e che è così poco. Ancora non lo sapevi.
Partire alla ricerca del minerale, per costruire la nostra casa in pietra.
«Dove hanno messo i morti di New York?
Dove sono finiti i cimiteri di New York?
Anche Manhattan scaccia le stelle.»
Diventi la cassa di risonanza del mondo.
L’Hudson, l’East River, il fiume di Harlem scaricano tanti corpi raffreddati.
Fiumi di cenere.
Le nostre vite demoltiplicate.
Viaggio o semplice spostamento, il braccio alzato, la sola rotazione di un’anca, un gesto vago, male interpretato? No. Diciamo una sosta. Un corpo a corpo. Le mani nella terra. Irrigiditi nella realtà dei paesi sconosciuti. Iniettare una nuova dose di sangue di
papavero nella scrittura. Tutte queste parole, tutte queste righe, tutta questa morte, ah sì,
davvero.
Rimane indietro a qualche passo da noi e posa la mano sulla tua spalla. Ti dice: «ci sono persone che violano le parole, che le infilano in tasca e che le dimenticano. Un giorno
le ritroveranno, ma le frasi non saranno più le stesse.»
Ti accompagno per un istante, cerco di calcare la mia troppo rapida cadenza
sulla sua, e lui mai lo saprà.
Fa leggere un testo. Il suo testo. Talvolta, lo legge lui. Per far scaturire la chiarezza laddove manca la luce, per soppiantare briciole della memoria volatile e provare che la sua voce grave e metallica può, anch’essa cantare a suo modo.
Dietro la certezza vi è, fermo, pronto ad avventarsi, il dubbio generalizzato. Accanto all’«io» il «tu», sul risvolto di un testo, un altro testo.
De Tierras y de Espumas (Extracto)
Hace bastante frío, como de costumbre. Con los pies bien firmes en la turba, el poeta piensa en el bosque francés de Malgovert, recita otros textos, los suyos, está polemicando sólo para él, mata su texto cuando cree darle un prefacio, movimiento de retroceso.
Hace bastante frío, como de costumbre. Si hay hombres que fingen haber olvidado sus bufandas, yo soy uno de ellos, de esto: de esta neblina disipada entre los puertos, de estas manos que acarician los árboles, de esta última mano que acariciará el último árbol, de estas soledades entre las cuales cada uno tiene su espacio, cada uno es esperado, de las cuales cada uno se irá, de un viento…
Camina con nosotros. Si no logramos seguirle por sus sendas soñadas, le dejaremos ir delante, con ojo divertido, seguros de volverle a hallar un seto más lejos.
La acacia.
¿Tendrás miedo del deambular vacío indefinido y sin referencias ? Bueno. Déjame imaginar un punto en la lejanía.
Vamos a Königsberg. Vamos a ir quizás para saber dónde se sitúa ; a lo mejor porque allá filosofía y poesía son sólo una, para beber un café en « el albergue de las tres marquesas »…
Sobre la tumba de Kant: « Dos cosas no cesan de henchirme el corazón de admiración y de respeto, cada vez más cuando mi pensamiento se ata y se aplica a ellas: el cielo estrellado sobre mi cabeza y la ley moral dentro de mí. »
A lo mejor esto es, la escritura. Correr tras una frase, retener sólo dos versos. Lo esencial, este vino escarlata; « la sangre caliente de Ignacio en la arena »… La sangre estancada. Quizás esto sea, escribir. Una petrificación. Antes de salir a jugar con los chicos a la pelota. Tal vez eso. Preparar su muerte con resistencia áspera y loca a la muerte. Un agotamiento. Para que una mañana, un Vallejo nos diga : « « ¡No mueras, te amo tanto ! » Pero el cadáver, ay, siguió muriendo… »
Hace bastante frío, como de costumbre.
(…)
Que sea con violencia que el poeta deje cerrar los ojos en la muchedumbre de imágenes sensuales, que asaltan en desorden el torbellino irreversible de los pensamientos, que olvide la tibieza de las lluvias australes, y de todo lo que cae, y las partículas de carne y sangre que suben y horadan el arenal de las palabras, este sedimento lento y continuo, que sea con asco que trepen los freseros , que los peces se cacen y se combatan, que los millones de espermatozoides entregados al vacío se devuelvan a la nada, que las hojas mueran en la sombra y que caigan rápidos los propósitos amargos, todas esas presencias que estorban, todos esos obstáculos de soledad medida, que venga a chocar contra el secuestro el timbre del teléfono, y el puñetazo contra la puerta, que sea con indiferencia que los frutos florezcan en todos los escaparates de los hortelanos cuando la pera roída por los gusanos caiga antes de tiempo del alto de su rama, nos equivocamos de calle constantemente, olvidamos leer los nombres y la lógica de los barrios, ese faro en la extremidad de las tierras, ser un semáforo, pensar no es escribir, es escuchar quizás, lanzas una piedra en el fondo de un pozo, esperas y percibes el eco del ruido causado en su caída, ese gesto repetido diez veces, nada es seguro, en la radio el disco sigue dando vueltas, y los hombres se han alejado de sus lugares de trabajo para ir a trazar su camino humano y plateado en los anchos campos de maíz, un helicóptero vigila desde arriba, y es el Danubio y su estrecho con sus barcos, llueve a cántaros, que sea en el puente superior en donde reposemos después de haber desertado las orillas del mar negro, que sea el negro que represente mejor la muerte, mas soportar el azul de sus ojos que ríen, cuando la luz te deslumbra, y todo muere.
(…)
Y más la carrera loca a través del bosque en los días de mucho vino, de pereza pesada cuando el cuerpo ya no obedece, y las manos que inmoviliza el deber, azuzándolo, decidido. Y la carrera loca soñada entre los espinos, las hierbas locas y los helecho imbéciles. Quizás habremos talado el bosque, mucho tiempo es necesario para cuidar un árbol, a lo mejor yace, completamente solo, en esta tierra extenuada e inútil que grita que le devuelvan sus árboles, que ya la tierra se ha descansado, que ya está harta de la separación, que ya es tiempo que las cabañas vuelvan a construirse, que las rodillas se desollen y sangren, que el derecho a la propiedad sea violado por los chiquillos de las vecinas colonias de vacaciones, que surjan las broncas y que el saqueo del trabajo lento y planificado con conciencia se multiplique, que los ceños fruncidos, las miradas coléricas y los puños cerrados sobre las arañadas pasadas, que la merienda nunca más compartida en la pieza principal del castillo demolido, de la fortaleza profanada, y todo ; el texto para aprender de memoria, cuando no se tiene ganas , copiado lentamente y disimulado en el bolsillo, y la mermelada de frambuesa y las manzanas aún verdes, roídas por los gusanos, robadas en el jardín del vecino que no estaba en ese momento, las risas y las carreras desaforadas, para escapar a la bronca imaginada del propietario, las risas cómplices de los que han transgredido, la embriaguez del robo, él irá hacia la carretera nacional prohibida, que las bicis utilizadas, los stop no respetados pese al peso de la mirada familiar a través de las ventanas, que los chistes preparados, los mejores, aquellos que nadie conoce, que los efectos y entonaciones, los empujones con el codo, las onomatopeyas y las interpelaciones salten de una rama a otra, que las inquietudes en las noches de gran tempestad y de vientos, que la lechuza nunca vista y que vendría un día a pararse seguramente en la rama más alta, y que seguro él también estaría allí, y, con las tripas anudadas de miedo, con los otros debajo, envidiosos, murmurando palabras de aliento, pero acuciantes pese a todo, él habría avanzado su mano temerosamente, que todo eso, con el maravilloso latir de alas de la lechuza emprendiendo su vuelo y casi lo hace caer de la rama, con ese sentimiento de allá arriba, las estrellas a través de las hojas en pleno sol, con la hora impuesta para el regreso, con la mermelada no probada, palabrotas de despecho, con la mirada dura, grave y fría de aquél que pide reparo, que conoce a los asesinos, a los matadores de cabañas en el bosque, que todo ese pueblo bailando, con esas palabras, imágenes, aromas, rencores, vuelva a casa con un poco de atraso, ponga sus piernas demasiado largas bajo la mesa, sus rodillas chocando en los bordes, las caras que lo rodean están extraordinariamente quietas, y él no dirá nada, pues es seguro que no comprenderían y la sopa está servida, en el plato, el olor nauseabundo de las legumbres del huerto que, aunque no quiera, le recuerda… la carrera loca a través del bosque, un bosque al que le han talado los árboles, los árboles que hoy yacen muertos, sin sepultura. "

De Terres et d'Ecumes dans la
revue numéro 39 du Chasseur abstrait: à découvrir!
Merci à Patrick Cintas pour son accueil.